No somos el resultado – Reflexiones sobre nuestros logros, éxitos y fracasos

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¿Cuánta presión te ponés para conseguir esos clientes que necesitás? ¿Cuánto pensamiento se te fuga por estar pendiente de lo que te falta? ¿Cómo te afecta mirar la parte del vaso vacía?

Hay veces que nos eclipsamos y pensamos que cualquiera puede montar un proyecto online, llevar a cabo alguna acción (Webinar, training online, etc) y facturar en seis cifras.

Y te dicen: si yo lo hice, vos también podés. Y nos la hacen creer. Y nos encandilamos con su éxito y el brillo y toda la marquesina.

¡Ay! Es tan fácil enamorarse de la foto: vos en la playa con la piña colada mientras tu cuenta decanta dólares. Vos dando Webinars y conferencias con cientos de seguidores muertos por comprarte lo que tenés para ofrecer. Vos con tus objetivos cumplidos por el camino más fácil y como por arte de magia.

Pero no es fácil. Nadie dijo que lo es. Como decían en mi pueblo: no es soplar y hacer botellas.

Por eso, sin entrar en conceptos moralistas, quiero contarte un poquito algunas de mis experiencias en este mundo del emprendimiento online, en estas cuestiones de tener un negocio digital y hacer lanzamientos, de vender, de venderte, de las expectativas y las varas altas que nunca alcanzaremos si solo miramos para arriba.

 

No vivimos de nuestro éxito

 

 

El otro día, hablando con una colega sobre emprender, lo online, el cansancio, el postureo, las falsas creencias y todo eso, me regaló una frase más cierta que el dulce de leche: “No vivo de mi éxito, vivo de mi trabajo”

Seguro vos seguís a muchos referentes que ya están en el mundo online y que les va bárbaro. Que te lo cuentan. Que te lo venden.

No soy de hablar por la negativa de todo lo que veo en la red. Siento que es gastar tiempo, palabras, bits y saliva al santo pepe (por no decir “al pedo”)

Solo déjame decirte que me sorprende como, cada vez más, se están imponiendo algunos modelos en donde lo que se vende es el éxito.

No está nada mal mostrarlo, no me malinterpretes, porque en definitiva es la prueba social que se necesita para validarse frente a la audiencia. Pero el gran problema es cuando eso es lo único.

Cuando la punta del Iceberg se convierte en el todo.

¿Qué sucede? Con intención o sin ella, muchos discursos, al centrarse sobre lo bien que les va, sobre los miles de dólares que se facturan y la cantidad de clientes y audiencia órbita sobre su centro de gravedad, generan una falsa sensación de que todo es más fácil.

Te repito: no es que sea mala intención. Sino que es sobre esa prueba social del “logro” que se construyen mensajes para generar confianza y vender los servicios. Y está muy bien.

Pero…

Que esa persona te venda un servicio en el que vas a tener más clientes, no es que al comprar su programa ya tendrás más clientes. Que aquella otra te diga cómo triunfar en Instagram, no quiere decir que lo vayas a hacer. No es automático, no es una autopista directa hacia el beneficio.

Pero claro, no es tan marketinero decir: “Invertí en este Programa Online para comprometerte de una buena vez con tu propósito, para trabajar duro, estar muchas horas frente a la computadora, frustrarte, probar, experimentar, tropezar, llorar, angustiarte y dejar la piel, para luego (y solo recién ahí) comenzar a monetizar tu emprendimiento. Venite. Vas a sangrar, pero yo voy a estar para acompañarte”.

Entonces, sobre esa creencia de que el éxito siempre es de una sola manera o, al menos, debe alcanzar la vara que te muestran otros, podrá sentirse fracaso.

 

Historia de una vara muy alta

 

 

Estoy haciendo lanzamientos desde el 2016. Ya he perdido la cuenta de cuántos. Para mí y para algunas clientas. En algunos me ha ido genial y en otros no.

Pero quiero contarte de uno en particular que llevé adelante en Abril del 2018 el cual me drenó muuuucha energía.

Me encantó hacerlo, fue un enorme desafío hacer que 550 personas que nunca habían escuchado de mí, llegasen, vean los videos, participen, asistan a transmisiones en vivo y, encima, compren un servicio.

Pero te lo tengo que confesar: en cierto momento flaqueé y me vi consumido por mis expectativas.

Porque lo que yo esperaba que pasase, no pasó.

Por el tipo de lanzamiento, proyectaba unas 30 inscriptas y la mayoría en los primeros días de la apertura de las inscripciones.

¿Sabés cuántas fueron en las primeras 48 horas de inscripción?

4 😳

Me quería morir. Quería dejar todo. Quería cerrar mi web, mis redes sociales. Dedicarme a otra cosa. Irme a Nepal a arriar cabras, plantar arroz en Vietnam o contrabandear cigarros clandestinos en Bulgaria.

Sentía que no estaba obteniendo el éxito que buscaba.

La fucking vara del resultado.

La maldición de pararse en la insuficiencia.

 

Pasé un par de días muy mal 😱 Cuestionándome si yo era bueno en lo que hacía, del cómo carajo iba a estar acompañando a profesionales de la ayuda a convertir audiencia en clientes si yo no era capaz de hacerlo.

Me pasé esas horas drenando energía hacia un camino equivocado.

 

¿Viste cuando hacés foco en tu frustración y no en la producción?

 

 

La meta no estaba lograda. Quedaban días aún para que finalizar las inscripciones, pero la frustración de las primeras 48 horas lo nublaron todo.

¿Qué había sucedido? Me pasé 3 semanas dando lo mejor de mí: hice videos, generé comunidad, ayudé a las personas, aporté valor, hablé del dolor de mi nicho y presenté soluciones.

Seguí paso a paso todo lo planificado. Ya tenía el programa validado, con buenos procesos y resultados. En la previa al lanzamiento había testeado los contenidos en un Webinar, aproveché a vender y tuve altas ganancias.

Todo el antes había sido redondo, pero a la hora de concretar y abrir el carrito de compra en este lanzamiento: “¡Pum! El casi cero. La nada. La nada misma” me decía

Al tercer día de abrir las inscripciones hice un Facebook Live y fue la peor transmisión que he hecho en mi vida. Estaba desenfocado y, sobre todo, cansado. Muuuucha energía se me había ido por el costado. Muuucha energía en el pensamiento, en la escasez, en lo que no estaba sucediendo.

Cuando vi la repetición 😵 me dije: “¡Ah! No Marrero. Así no es. Usted necesita reacomodar su cabecita. Van 3 días de inscripciones y quedan 5. Si sigue así, usted está frito”

 

Entonces frené. Me tomé una tarde para conectar con mi respiración. Recurrí a aquellas enseñanzas del Vipassana, la ecuanimidad y la certeza de que todo es impermanente 🙏

Y entonces comprendí: No somos el resultado

 

No somos el resultado

 

 

En este mundo, en el que vendemos el éxito antes que el trabajo, confundimos camino con llegada. Confundimos logros con autoestima

Y yo comprendí que estaba atando mi autoestima al resultado frío como lo es “cantidad de inscriptos” y “cantidad de ganancia”.

 

¿Cuántas veces atamos nuestra autoestima a lo que creemos que debemos lograr?

 

Hay algo que siempre trabajo con mis clientas y es mirar los logros propios y no los ajenos.

Porque hoy parece que hay que estar a la altura de aquel que sus podcast están en el número uno de la lista de TuneIn o Spotify. Porque ya hay que tener esos 10K de seguidores en Instagram para activar algunas otras funciones superfluas.

Porque se vive en la falacia de la inmediatez de la respuesta y la mentira del postureo.

¿Por qué cuando damos un Webinar, si hay 10 o 15 personas no le ponemos el mismo empuje a que si hubiesen 100 o 200 personas? ¿Por qué salimos corriendo de ese Facebook Live cuando no se conecta nadie o hay 2 personas?

El otro día un mozo en un restaurant me contó que hacía 25 años trabajaba allí y que amaba lo que hacía —¿Y sabés lo que veo?— me dijo —Muchos chicos que estudian arquitectura, toman estos trabajos de mozos para costearse la carrera. Y hacen su trabajo a medias porque “total, yo estoy estudiando arquitectura”, me dicen. Y ¿sabés qué? Si no sos capaz de dar lo mejor de vos en lo que te toca hacer en este momento, entonces vas a ser un mal arquitecto— me dijo.

Y esto es un poco lo mismo ¿en qué cambia que haya 10 personas en tu Live a que asistan 100? Porque quienes están del otro lado no son un simple número, son personas y a ellas hay que honrar. No le estamos hablando a un número, le hablamos a un ser humano.

Yo he dado Facebook Lives con 3 o 4 personas del otro lado, he tenido más de 100 en algunos lives compartidos.

He hecho Webinars con asistencias de 70 personas y otros con 5 o 6 a reventar.

Y algo he aprendido: todos merecen el mismo empuje, la misma energía, el mismo compromiso. Todos se merecen tu mejor versión.

 

Tus logros no son solo los tangibles

 

 

Esto lo hablo también con mis clientas en mis Cursos online: sucede que por esa sobreventa del éxito, se tiende a mirar a esos que son más “exitosos”. Al no poder alcanzarlos, la autoestima cae. Utilizamos a los referentes como botas que nos aplastan en nuestro crecimiento y no como trampolines que inspiren nuestro camino

Y medimos los logros solo con los resultados tangibles.

Si tenemos más clientes. Si conseguimos equis cantidad de ingresos económicos, entonces ¡Yeah baby! ¡Lo hemos logrado!

Muchas veces, estas acciones atraen ciertos logros inmateriales. Por ejemplo: hacés un Webinar. Creás campañas en Facebook, se te suscribe gente que antes no te conocía, aumentas tu visibilidad. Creás nuevos contenidos, aprendés alguna herramienta puntual que usaste para ese Webinar. Personas que nunca te habían visto, te escuchan y agradecen. Fidelizás un poco más a tus seguidores.

Acaso ¿Eso no es ganancia también?

¿No te compraron? ¡Otra vez la inmediatez del resultado! Si no lo hicieron ahora, pero sostenés tu presencia, tarde o temprano, te van a comprar.

Entonces, lo que importa es el proceso y enfocarse en generar el mejor contexto de posibilidad para lograr las metas que te hayas propuesto.

Estar ahí al 100% para quienes llegaron. Estar presente para esas 2 personas en ese live. Estar con todo para esas 4 personas que se inscribieron al Programa. Agradecer el camino recorrido. Quedarte con lo que sí está a tu alcance y soltar el control.

Es así como el trabajo es el que trae la ganancia. No tu éxito.

Es así como el proceso habla mucho de lo que somos y no el resultado.

 

Y al final…

 

 

Al comprender esta simple verdad, mi foco cambió.

Solté el control de aquel lanzamiento y me pregunté “Marrero ¿Depende de usted que, en última instancia, la audiencia saque la tarjeta y compre su programa online?” No. La verdad es que no.

¿Que cómo terminó mi lanzamiento? Con mucho material creado, con una bomba de visibilidad bastante importante, con mucha gente agradecida y con 17 inscriptas al programa.

 


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Entonces, te regalo esta pregunta:

🍁 ¿Te estás enfocando en lo que realidad importa?

🍁 ¿Estás presente en este momento, generando el mejor contexto para que esa audiencia se sienta agradecida o para que tus pacientes/clientes tengan la mejor experiencia posible con tus servicios?

🍁 ¿Te ha sucedido alguna vez sentirte frustrada por no haber logrado esos tan mentados resultados?