¿DÓNDE ESTÁN TUS PENSAMIENTOS DE ABUNDANCIA?

¿DÓNDE ESTÁN TUS PENSAMIENTOS DE ABUNDANCIA?

El otro día debía llegar a un pueblo vecino porque tenía turno con el médico a las 8.00 AM. Mi bus pasaba a las 6.50. Estaba llegando a la parada, eran 6.48 y pasó adelantado. Lo perdí. El próximo pasaría 8.40, y llegaría a eso de las 9.15.

Aún era de noche, hacía frío y tenía dos opciones: volverme a mi casa y reagendar, o tomar el bus próximo y llegar tarde a la cita.

Decidí no tomar ninguna de las dos opciones y comencé a caminar. Atravesé mi pueblo y me paré al costado de la ruta a hacer dedo. A los cinco minutos paró un vehículo. 7.45 estaba en la sala de espera del hospital.

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Hace un tiempo vengo trabajando el tema de la abundancia y cómo mis creencias limitantes me atan en ciertas decisiones: miedo a  darle más valor a mis servicios, a  no ser suficiente, el miedo a fallar, postergar decisiones que aumentarían mi visibilidad en la red.

Algunos, sin dudas, son pensamientos de escasez.

Pensamientos que me invaden hasta el día de hoy. Y mirá que he mejorado. Ni te imaginás. El miedo al fracaso va disminuyendo, es cierto, pero a veces vibra como la resaca de una campanada de iglesia un domingo a la mañana.

Pero el otro día, luego de haber solucionado mi traslado de manera tan sencilla me puse a pensar: en la ruta y en estos temas de viajar tengo un pensamiento muy abundante.

Porque allí nunca pongo escusas. No postergo, voy. No me da miedo fallar, no hay manera. Me tiro a viajar miles de kilómetros sin que me abrume lo grande del desafío. Es más, esa mañana en la ruta estaba convencido cien por ciento que alguien me llevaría y llegaría a tiempo.

Tal vez no lo sepas, pero hace cuatro años soy Nómada Digital, viajé a dedo por Europa, México y Centroamérica. Cuarenta y cinco mil kilómetros de ruta hicieron que no haya sido problema haber hecho unos kilómetros hacia el otro pueblo.

Y ahí es dónde reside el pensamiento abundante: en tener la plena confianza de lo que podemos dar y ver en todo lo nos rodea muchas posibilidades.


El pensamiento abundante siempre ve las posibilidades, nunca las limitaciones.


La liviandad con la que podemos resolver ciertas situaciones depende del grado de experiencia que tengamos en ella, porque ya conocemos ciertos resultados y ya manejamos ciertas herramientas que nos llevan a encontrar la solución de la manera menos traumática posible.

Y si no conocemos ciertos resultados, por lo menos nos conocemos a nosotros y nos tenemos la confianza para llegar a los objetivos que nos planteamos.

Por eso hay que hacer, fallar, acomodar y volver a intentar. Repetir el ciclo, una y otra vez.

Entonces me pregunto: ¿Por qué tenemos pensamientos de abundancia para algunas cosas y no para otras? ¿Cómo se hace para trasladar ciertos aprendizajes de un lado a otro de nuestra vida?

Creo que hay aprendizajes de paso que nos sirven para ciertas tareas específicas en determinado momento de nuestra vida.

En mi caso puedo llamarlas: hacer dedo, viajar por el mundo, ser Community Manager o hacer campañas específicas para aumentar la visibilidad de una marca.

Pero hay otras habilidades que aprendemos que, cuando escarbamos un poco, nos damos cuenta que nos pueden servir hagamos lo que hagamos.

En mi caso puedo llamarlas: la plena confianza en que lo que hago atraerá aquello que quiero, la perseverancia siempre tiene su recompensa, si se falla siempre se puede volver a intentar.

Tal vez tu pensamiento abundante está allí, escondido o camuflado en cosas que ya has hecho.

Y vos ¿en qué tareas te sentís poderoso? ¿Cómo te parás frente a eso? ¿Cuándo es que todos tus miedos se esfuman y todo lo que proyectás ser, lo sos? ¿Cómo podrías trasladarlo a otras áreas de tu vida?

Reagendar mis prioridades

Reagendar mis prioridades

De las primeras cosas que están en mi discurso cuando hablo con personas que quieren tener más llegada en Facebook: PUBLICÁ CON REGULARIDAD.
Lo digo, lo repito y, creo, es una de las claves más importantes para que tu Fanpage esté con vida.

Pero ¿qué pasa cuándo yo entro a mi Fanpage y veo que hace quince días no posteo nada?
¿Es falta de ganas? No
¿Falta de ideas? Mucho menos
¿Falta de tiempo? Sí.

Pero al contestarme que es por falta de tiempo, me digo a mi mismo “¿En serio es falta de tiempo? ¿será que estoy haciendo un mal uso de mi tiempo? ¿Puede que mis prioridades están desordenadas? ¿no será, en definitiva, que debo reagendar mis prioridades?”

Entonces ahí doy en el clavo: reagendar mis prioridades.

Hasta ahora, mi agenda se basaba en colocar en los primeros días en la semana las tareas de “mayor prioridad”: publicaciones de mis clientes y hacer su customer service. Al final de la semana, jueves y viernes, hacer las planificaciones, informes y armado de tareas para la semana próxima. Incluso, algún sábado y domingo servían para terminar pendientes.

La agenda estaba invadida por los  mensajes que produzco para otro. Así, mi Fanpage ha estado vacía casi todo el mes

Entonces ¿cuándo guardaba tiempo para crear mis propios mensajes? Cuando tenía algún hueco.
Y ¿sabés qué? Ese hueco nunca aparecía. Porque siempre había algún urgente que tratar: alguna campaña, alguna corrección, consultas, mails, demandas de último momento.

Es muy fácil dejar de lado mis prioridades y dar paso a las prioridades de otros; porque me miento y me digo que la obligación conmigo puede esperar; pero mi obligación con otro, no.

Creéme, es una gran mentira. Parado en la urgencia nunca hay crecimiento, ni te vas a tomar el tiempo para hacer cosas para vos, ni vas a ser tu prioridad.


La falta de tiempo no existe, solo existe el mal uso que hacemos de él. Incluso, puede que no sea un mal uso, sino una insana gestión de nuestras prioridades.


Al entrar en consciencia de que estaba priorizando urgencias de otros, me vi que tengo varios cursos online que he comprado  y están esperando en mi lista de tareas, libros que no se abren en mi biblioteca, letras que esperan aterrizar en el papel, notas de mis viajes que me dicen que es hora de comenzar a escribir mi tercer libro. Tengo paseos por hacer, ideas por materializar y descansos que saldar.

¿Te sentiste alguna vez así? Ese sentir de que estás gastando el tiempo, en vez de vivirlo. Sentir que toda tu agenda tiene nombres de otras personas y el tuyo se pierde allá abajo y nunca lo tildás como “hecho”

¿Cuántas veces por semana llegás a cumplir con las tareas que te asignaste y que tienen que ver directamente contigo?

¿Cuántas veces te sentaste a leer?

¿Qué tan frecuente te acordás de tu cuerpo y saliste a correr, bailar, caminar, o estirar en alguna clase de Yoga?

¿Te detuviste una mañana a escribir, a revisar tus cuentas, a reacomodar tu propuesta de valor?

¿Llamaste a tus padres?

¿Cuánto hace que no le decís a tus amigos “sí, nos juntamos” sin excusas de por medio?

¿Cuándo, por fin, te vas a dar el tiempo para reacomodar tus prioridades? Yo comienzo en este instante, en este momento en que acabo de terminar de escribir esto que acabás de leer.


Herramientas para el camino:

Si te sirve, a mi me ayudo mucho comprender el Cuadrante de Covey. Aquí hay un link en el que podés comprenderlo de manera muy sencilla.

O también podés leer a Kathya en su post de “Prioridad a la vida”, que cuenta algo parecido a mi y ella se toma la molestia de explicar cómo funciona esta sencilla técnica para detectar dónde están paradas nuestras prioridades.

Y vos ¿Cómo gestionas tus prioridades? ¿Qué es lo que te gustaría cambiar y no has hecho aún?

Cuando tu alarma ya no es tu jefe

Cuando tu alarma ya no es tu jefe

Lo que vas a leer no tiene nada que ver con recomendaciones para hacer crecer tu voz en Facebook. Lo que te escribo acá habla de la persona que está detrás de estas letras.

La foto que ves en la cabecera, es una mañana cualquiera en Mar del Plata. Pero también pudo haber sido alguna en Sarajevo, Calabria o México. Es que estoy en un punto del mapa de mi vida en que los lugares pasan a ser meras circunstancias.

Si, así de raro soy.

Hace años comencé un peregrinaje que me ha llevado a lo que soy hoy: ese mismo que ves en la foto sentado escribiendo mis páginas matutinas. Con el termo de agua caliente, el mate o el café.
Seguro que siempre es café.

Pero más seguro estoy de que mientras escribía aquella mañana en Mar del Plata, mi cabeza no dejaba de pensar: “quiero terminar estas páginas así me pongo a trabajar”.

Es que es así. Soy así. No te miento. Ni yo me lo creo ¿ganas tremendas de comenzar a trabajar?
Hace mucho tiempo no aguanto estar dormido cuando comienza a latir el día. Porque siento tantas posibilidades en frente.
Sí, las siento.
Siento que me entusiasma mi lista de tareas.


Un día me juré que una alarma jamás me obligaría a levantarme por las mañanas. Y mirá que me obligaba. Las odiaba porque no las podía elegir y se las tenía que dedicar a cosas que no tenían mucho que ver conmigo.

¿Sentiste eso alguna vez cuando suena tu alarma?


No recuerdo cuándo fue el día que me bajé de ese camino. Solo me queda el sabor de ese susurro que me anunciaba que en esa dirección el fin de mis días llegarían grises y se apagarían sin darme cuenta.

Ahora, cada mañana celebro que estoy haciendo lo que más amo, que es vivir de lo que me apasiona.
¿Sabés qué es lo más curioso? Que es verdad.

Sí, ya sé. Me estoy narrando en primera persona en todo esto. Parece que me estoy poniendo de héroe del relato. Pero te aseguro que no hay nada heroico en saltar hacia algo nuevo. Solo es la consecuencia de un cansancio acumulado por haber estado siendo alguien que no era.

Ahora me siento libre y con la confianza necesaria para decirme: sí, me gusta esto y quiero vivir de ello.

Cuando te aceptás, es un viaje de ida. Creéme.

Hasta me entusiasma enfrentarme a todos mis demonios. Y mirá que son un millón. Está el que me dice que no soy suficiente, el que no valgo lo que soy y hasta el que vive cantándome que mis clientes se van a dar cuenta. Sí, hasta eso pienso a veces.

No te asustes.
Así de raro soy.
Pero esto es lo que soy.
Escritor, nómada, nerd, community manager y un curioso crónico de las cosas que me quedan por aprender.

Seguro vos pasaste por lo mismo ¿En qué etapa estás ahora?

PREGUNTAS PARA DEJAR DE PROCRASTINAR (o aprender a vivir en Fase Beta)

PREGUNTAS PARA DEJAR DE PROCRASTINAR (o aprender a vivir en Fase Beta)

¿Cuántas veces esperaste a tener todo listo para salir?
¿Aún seguís con el discurso de “algún día”?
Te tengo una noticia: nos debemos acostumbrar a vivir la vida en Fase Beta.
El día en que aprendemos a que no hay que tener todas las respuestas y que nuestros brazos no son tan largos como para abrazar todas las certezas, es cuando caemos en la certeza de que los momentos no viven en el futuro.

El momento siempre es Ahora.

El otro día leí en un email de Franck Scipion algo que me encantó: “Bien es suficiente”. No esperemos que esté todo perfecto para lanzar un producto, para abrir nuestro emprendimiento o para mostrar lo que hacemos. Lo importante es estar en camino.

Dice Franck: “Si cuando comienzas a captar suscriptores no tienes vergüenza de lo que haces es que lo estás haciendo mal.
Todos hemos pasado por ahí y todos hemos mejorado poco a poco con la práctica.
Lánzate y ya mejorarás por el camino.”

No es fácil, es cierto.

Te puedo contar que yo no estoy en todo momento con ese empuje del que es todo ahora. También procastino muchas cosas. Dudo y me veo caminando en un corredor lleno de fantasmas y demonios.
¿Cómo no voy a sentir miedo cuando estoy al borde de ese precipicio? Me da vértigo y el no saber, a veces, me detiene.
Pero le hago caso a ese “bien es suficiente” y salto ¿sabés por qué? Porque yo sé que la red siempre aparece y, muchas veces, la vamos tejiendo en plena caída.

Por eso te pregunto

✔ ¿Cuándo vas a saltar?

✔ ¿Lo que tienes ya “está bien”? ¿No crees que lo puedes ir mejorando en el camino?

✔  ¿Qué es lo peor que puede pasar?

✔ ¿Qué vas a esperar para hacer ese viaje?

✔ ¿Cuándo vas a mandar esa propuesta de valor? ¿En serio importa tanto encontrar un título adecuado?

✔ ¿Cuándo te le vas a declarar a esa persona que te gusta?

✔ ¿Qué día, por fin, vas a empoderarte de lo que te apasiona?

✔ ¿Cuándo vas ponerle, de una vez, vida a tus ideas?

Y aquí la pregunta fundamental:

✔ Si no es ahora ¿Cuándo?